miércoles, 4 de junio de 2014

COLOMBIANOS EN MÉXICO DF PIDEN VOTO ÚTIL X SANTOS

UN VOTO ÚTIL Y CRÍTICO POR LA PAZ EN COLOMBIA Mario Rey Los colombianos debemos elegir el próximo domingo 15 de junio a quien nos gobernará entre 2014 y 2018; pero más que escoger presidente entre el liberal Juan Manuel Santos, que busca su segundo mandato, y el ultraconservador Óscar Iván Zuluaga, representante absoluto del expresidente guerrerista Álvaro Uribe, los colombianos decidiremos si continuamos con las negociaciones con las FARC, en busca de la paz, o si nos mantenemos en la oprobiosa guerra fratricida que padecemos. Ese domingo Colombia optará entre la paz y la guerra. Esa es la única disyuntiva en esta ocasión. Desde el inicio de su gobierno Santos se ha empeñado en un proceso de negociación política con las FARC, proceso que en año y medio ha alcanzado acuerdos en tres de seis puntos: cuestión agraria, participación política de la guerrilla y narcotráfico, drogas ilícitas y consumo, y mantiene pendientes el de las víctimas, la verdad, justicia y reparación, que se discute hoy en La Habana, el fin del conflicto y la manera como se ratificará por la nación lo acordado. Uribe ganó ampliamente las elecciones en 2002 y 2006 con la promesa de acabar a las FARC en dos años: no pudo, y al final del primer cuatrienio modificó la Constitución para reelegirse reiterando su promesa. Aunque, ciertamente, las debilitó, no logró acabarlas en ocho años, porque además de las favorables condiciones geográficas para la guerrilla y la validez de sus auténticas, justas y primarias reivindicaciones agrarias y sociales, en cincuenta años de lucha ésta ha construido una gran estructura militar fuerte y flexible y aún cuenta con cierto respaldo entre los campesinos y algunos sectores obreros, populares y estudiantiles, a pesar de sus grandes errores: violencia, secuestro, extorsión y vínculos con el narcotráfico. Después de medio siglo de combate y de haber resistido el más grande ataque en los últimos ocho años de Uribe y cuatro de Santos, es evidente que las FARC no podrán ser derrotadas fácilmente y que los costos de la guerra en vidas, armamento y desarrollo social y económico serían muy altos para el país. Zuluaga, apoyado por el ultraderechista y paramilitar movimiento Restauración Nacional, ha prometido cumplir el ofrecimiento de su jefe y promotor; por ello anunció al día siguiente de la primera vuelta que suspendería las negociaciones y que sólo las reiniciaría en unas condiciones muy cercanas a la declaración de rendimiento de las FARC, que nunca lograrán. Poco después, ante la condición de la candidata conservadora de mantener las negociaciones para apoyarlo, modificó rápidamente su discurso y dijo aceptar el proceso de negociaciones; pero tan extraordinaria voltereta no es creíble en quienes han hecho de la mentira, el engaño, el espionaje, la corrupción y la violencia paramilitar su orgullosa identidad. La escasa votación por Zuluaga: 29.25% y Santos: 25.69, la mínima diferencia entre ellos, los votos logrados por la conservadora Marta Lucía Ramírez: 15.52%, la izquierdista Clara López del Polo Democrático: 15.23% y el Partido Verde encabezado por Enrique Peñalosa: 8.28%, las encuestas más recientes (Santos: 38% y Zuluaga: 37%) y las divididas tomas de posición de los grupos perdedores −Ramírez apoya a Zuluaga, pero sus congresistas a Santos; el Polo y los verdes dejan en libertad a sus seguidores, pero varios de sus líderes respaldan a Santos− muestran que el país está prácticamente dividido en dos y que en estas condiciones es vital tomar partido, pues todo apoyo y todo voto a favor de la paz o la guerra cuentan decisivamente. El voto en blanco y la abstención en este caso sólo le hacen el juego a los guerreristas de la ultraderecha. Los proyectos económicos neoliberales de Santos y Zuluaga son muy semejantes; ambos representan a la oligarquía colombiana; las prácticas políticas de los dos están marcadas por la mentira, el clientelismo y la corrupción, bastante lejanas de la ética y el humanismo, y Santos fue el Ministro de Defensa de Uribe; pero hoy existe una gran diferencia: Santos impulsa decididamente con las FARC y el ELN las negociaciones, y éstas han producido importantísimos acuerdos que jamás habíamos visto, acuerdos que implican no sólo el fin de la guerra sino avances profundos en el campo y en el sistema político del país; además, Santos mantiene una política exterior menos conflictiva con los vecinos que la de Uribe y Zuluaga. Así, quienes deseamos la paz que nunca hemos podido vivir debemos votar críticamente por Santos y rechazar la guerra de Uribe y Zuluaga. * Profesor-investigador, UACM y UNAM

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